(y por qué la mayoría no te van a servir de nada)
Las herramientas gratuitas de análisis de competencia te dan datos de tráfico, palabras clave y redes sociales de tus competidores sin gastarte un euro. Otra cosa es que sepas qué hacer con esos datos. Que normalmente no. Que normalmente te quedas mirando el dashboard como miramos todos la factura de la luz: sabiendo que algo va mal pero sin entender exactamente qué.
Un lunes te levantaste con energía, te preparaste el café, abriste Google y escribiste «herramientas gratis análisis competencia». Y Google te vomitó cuarenta artículos idénticos escritos por gente que cobra comisión cada vez que haces clic en su enlacito. Los mismos siete logos. Las mismas capturas de pantalla. El mismo «combina Google Alerts con SimilarWeb para un monitoreo continuo» copiapegado de un artículo de 2019 que a su vez estaba copiapegado de otro de 2017.
Otro escaparate de afiliados con disfraz de artículo útil.
(La industria del marketing de contenidos explicada en una frase: te doy información gratis para venderte algo que no necesitas.)
¿Qué herramientas gratuitas sirven de verdad para analizar a la competencia?
Las más útiles para un negocio pequeño son Google, Google Maps, las reseñas y tus ojos. Lo demás es complemento. A veces útil. A veces el equivalente digital de comprarte un tensiómetro sin saber qué es la tensión.
Google Alerts.
Gratis. Sin límite. Metes el nombre de tus competidores y te avisa cuando los mencionan en algún sitio. Mete el tuyo también, que tú eres capaz de enterarte de una reseña mala por tu cuñado en la cena de Navidad.
Google Search Console.
Si tienes web y no la tienes puesta, deja esto ahora mismo y ve a configurarla. Tardo menos en explicártelo que tú en poner otra excusa. Te dice por qué palabras te encuentra la gente en Google. Gratis. Lo que nadie hace con esto, porque requiere levantarse de la silla giratoria y pensar un segundo: buscar tus propios servicios como los buscaría un cliente y apuntar quién aparece. Con un boli. En un folio. Como los bárbaros.
SimilarWeb.
Versión gratis, cinco resultados. Te dice cuánto tráfico tiene la web del de enfrente y de dónde le viene. El número exacto es una estimación con más margen de error que las previsiones del tiempo en Semana Santa, pero da igual. Si al de enfrente le llega todo por Instagram y a ti por búsqueda directa, eso significa algo. Apúntalo y sigue.
Ubersuggest.
Tres búsquedas al día. Keywords y backlinks. Para una foto rápida. No para meterte a las once de la noche con el Excel abierto, los ojos como bolas de petanca y la sensación de que estás haciendo algo productivo cuando en realidad llevas dos horas en una madriguera de datos que no vas a usar jamás.
Las redes del competidor.
Esto no necesita herramienta, necesita sentarte y leer. Entras en el perfil, miras qué publica, lees los comentarios. Los de la gente real. Los que dicen cosas de verdad. No los del socio que pone el emoji del pulgar arriba en todo. Los comentarios de los clientes en las redes de tu competencia son estudios de mercado que te están regalando en abierto. Nadie les paga por opinar. Que es precisamente lo que los hace fiables. A diferencia de las encuestas de satisfacción que nadie contesta de corazón.
Reseñas de Google Maps.
Las de tres estrellas. Siempre las de tres. Las de cinco las escribe el cuñado. Las de una el loco de turno. Las de tres las escribe gente real que no se ha cabreado del todo pero que tampoco va a volver. «Correcto pero nada especial.» Esa frase vale más que seis meses de SEMrush. Porque te dice dónde falló el otro con la precisión de un bisturí manejado por alguien que ni sabe que te está operando.
¿Merece la pena pagar por SEMrush o Ahrefs?
SEMrush y Ahrefs cuestan entre 100 y 200 euros al mes. Útiles si sabes leer lo que te enseñan y tienes tiempo para hacer algo con ello. Las dos condiciones juntas en un negocio pequeño se dan con la misma frecuencia que ver un político pidiendo perdón.
Lo que pasa siempre, porque pasa siempre, es esto: un consultor te dice que es imprescindible.
O lo lees en un artículo que casualmente tiene un enlace que le genera comisión al que lo escribió. Te suscribes. Abres el panel. Parece la cabina de un Airbus. Gráficos, pestañas y números por todas partes. No entiendes nada pero te sientes muy profesional. Vuelves a las dos semanas. Mismos gráficos.
No ha pasado nada porque tu sector se mueve a velocidad de procesión de Semana Santa en pueblo pequeño.
Tercer mes, cancelas. Trescientos euros incinerados. Le echas la culpa a la herramienta.
(La herramienta funciona perfectamente. El problema es que le pides peras al olmo y resultados al dashboard.)
Ahrefs tiene versión gratis para webmasters que te deja auditar tu propia web. Eso sí merece la pena. Para espiar al de enfrente con la versión de pago necesitas saber qué estás buscando antes de abrirla. Sin criterio previo es comprarte el robot de cocina de novecientos euros para seguir haciéndote la tortilla en la sartén de siempre.
Con esos cien euros al mes te da para diez cafés con diez clientes preguntándoles a la cara qué buscaban cuando te encontraron. Lo que sacas de esas conversaciones no sale en ningún gráfico. Porque ningún gráfico recoge que tu cliente casi se fue con el de enfrente pero se quedó contigo porque tu web le sonó a persona y la otra le sonó al prospecto de un medicamento para la tensión.
¿Cada cuánto hay que mirar a la competencia?
Trimestral el repaso gordo. Las alertas de Google van solas, esas ni las tocas. Más que eso es obsesión. Y la obsesión con la competencia es la forma más elegante de no trabajar en lo tuyo.
Cada tres meses, una mañana. Capturas. Reseñas nuevas. Buscar tus servicios como si fueras cliente. Si en tres meses no ha cambiado nada, dato: tu sector duerme la siesta. Y el primero que se levante se queda con el mando.
Lo que no tiene sentido es convertir esto en ritual semanal. Conozco gente con seis meses «analizando el mercado», una hoja de cálculo que parece un cuadro de Mondrian y ni una coma cambiada en su web. Eso es el equivalente empresarial de reorganizar los cajones de la cocina para no sentarte a hacer la declaración de la renta.
¿Y qué hago con todo esto una vez que lo tengo?
Lo primero: encontrar una cosa que todos tus competidores hagan igual y hacerla diferente. Una. No diez. No un «reposicionamiento integral de la propuesta de valor». Una cosa.
Todos dicen «servicio personalizado». Tú cuentas qué pasa cuando alguien te llama el martes y por qué el miércoles ya tiene respuesta. Todos ponen fotos de bancos de imágenes con gente sonriendo en oficinas que no existen. Tú pones la foto de tu taller. Con las manchas. Todos esconden precios como si fueran el código para lanzar los misiles apuntados hacia Washington.
Tú los plantas en la web y que decida quien lea.
Una diferencia. El cerebro funciona por contraste. Si alguien recorre cinco webs que suenan igual, con los mismos «compromiso», «excelencia», «años de experiencia», y llega a una que suena a un ser humano con una actividad mercantil y un teléfono que descuelga una persona, esa es la que recuerda. Porque es la única que no parecía generada por la IA de la cafetera.
Las herramientas dan datos. Lo que hagas con ellos depende de si tienes algo que decir que no esté ya dicho por los otros cuarenta negocios de tu código postal. Si no lo tienes, da igual cuántas pestañas abras. Seguirás mirando gráficos bonitos que no te dicen lo que necesitas oír.
Que tu problema no es de herramientas, es de contar las cosas comno son de forma que no aburras a nadie.
Y eso se construye poquito a poco.